Regreso de mi ausencia, y no una ausencia por desidia, sino porque he estado de viaje. En concreto he visitado durante 9 días el sur de Irlanda, por invitación de mi amiga Luz, pues su padre vive temporalmente allí por motivos de trabajo. Todo comenzó hace unos meses, cuando se le ocurrió proponernos que nos fuéramos unos días con ella, y sus padres claro, a su casa en Waterford. Al final Ser (conocido como S. por aquí) y yo aceptamos la oferta y compramos unos billetes muy económicos con un par de meses de antelación. Salida 10:40 del 7 de agosto vuelta el día 16 a las 6:40 (de la mañana xD)
Para ser sincero es la primera vez que salía de España y lo hice con bastantes ganas. Últimamente me está saliendo cada vez más una vena innovadora, aventurera y viajera que hasta hace unos años no tenía. Por tanto, esta era una oportunidad que no podía dejar pasar por alto.
En estos nueve días hemos visitado bastantes sitios interesantes por todo el sur y este de Irlanda, amén de frikear y hablar todo lo que pudimos. En resumen, ha sido un viaje muy interesante turísticamente, la leche en términos de compañía y genial si tengo que ponerle una nota. Y para quien se aburra ahora en verano y no tenga nada mejor que leer, para quien quiera saber cosillas de Irlanda para un futuro viaje, o para nosotros para que siempre podamos recordarlo vivamente, voy a escribir una serie de post contando nuestras andanzas por la Isla Esmeralda.
Nota: Como escribo pensando en que esto puede leerlo alguien que sencillamente esté interesado en Irlanda y no en mis vacaciones, voy a escribir las descripciones de los lugares y sitios que he visto y mi impresión sorbe ellas en cursiva, separado del resto de la narración.
Día 1 (7 de Agosto): Llegada a Cork y viaje a Waterford.
El periplo comienza con Ser y yo en Barajas el día 7, a eso de las 8 de la mañana. Luz nos aguardaba ya en Waterford, pues había viajado un día antes que nosotros, junto con sus padres, desde el aeropuerto de Alicante.
Algo que nosotros no sabíamos y hay que tener en cuenta, es que, según nos informaron, hay una nueva normativa respecto a los billetes online. Según esta normativa la facturación de equipaje no se incluye directamente en los billetes comprados por Internet. El precio de la facturación son 8 euros por persona. Afortunadamente, para mí, mi equipaje no llegaba al peso máximo de equipaje de mano y no me vi obligado a facturar. Por otro lado Ser sí tuvo que facturar el suyo. Es lo que tiene llevar una maleta el doble que la mía casi xD
Además de ser mi primer viaje al extranjero, era también mi segundo viaje en avión y el anterior fue por la noche, por lo que no vi mucho. Lo cierto es que he descubierto que me encanta volar e ir mirando las increíbles vistas que proporcionan la altura, así que espero que me perdonéis si me extiendo en la descripción del vuelo.
A medida que el avión aceleraba por la pista y comenzaba a levantarse, el suelo pareció empujarnos hacia arriba al mismo tiempo que huía de nosotros. Cada vez más altos, la tierra parecía una maqueta, o uno de esos videojuegos de estrategia. Pronto, sin embargo, dejó de percibirse el detalle de la tierra, para volverse una superficie parda y amarilla, salpicada de manchas verdes de árboles y pequeños núcleos urbanos, con algunas nubes suspendidas sobre la tierra, pero debajo de nosotros. Finalmente ascendimos lo suficiente, imagino que por encima de la troposfera (es decir unos 10 Km.), como para que todas las nubes quedasen bajo nosotros y la tierra fuera indistinguible.
Entonces me comenzó a entrar sueño, pues habíamos dormido más bien poco esa noche y caí dormido casi todo el resto del viaje. Cuando volví a despertarme se veía el azul océano atlántico bajo las nubes. A ratos, estas parecían islas en el mar y en otras ocasiones campos blancos con lagos azules, o magníficos acantilados formados por los cúmulos, que daban a un mar blanco de estratos, bajo el que se veía el océano. Sin duda, con estas vistas, la analogía que existe entre las naves del mar y las naves del aire cobra una enorme verosimilitud. También pude notar en la línea del horizonte, la curvatura terrestre, aunque era muy leve y no creo que alguien que no supiera que debía verlo, se hubiera percatado.
Al rato vi la línea de costa de Irlanda de la zona de Cork, nuestro destino. Poco a poco el mar de nubes comenzó a acercarse a nosotros. Primero los cirros, esas nubes que parecen penachos sueltos en el cielo, llegaron a nuestra altura y parecieron acompañarnos durante unos momentos, antes de remontar el vuelo sobre nuestras cabezas. Entonces comenzamos a deslizarnos sobre la masa de cúmulos y estratos, que eran literalmente un suelo bajo nosotros. Entonces empezamos a sumergirnos en ellas y la vista se llenó de niebla para, de repente, despejarse y mostrarnos claramente la costa.
Al poco el avión estaba considerablemente cerca del suelo y desde mi ventanilla no había visto ni la ciudad de Cork ni el aeropuerto así que, de pronto, me encontré con que el avión estaba a unos veinte metros de una pradera verde con sus vacas, y aunque imaginaba que la pista estaba bajo nosotros, la sensación fue de aterrizar en medio de un campo xDD. Cuando bajamos del avión hacía fresco aunque esperábamos algo peor, por lo que nos había dicho Luz, y el cielo estaba bastante despejado. Luego nos dijeron que realmente ese había sido un día bastante atípico, incluso tratándose de verano.
El aeropuerto de Cork resultó ser liliputiense en comparación con Barajas, por lo que no nos costó encontrar la salida y la parada de buses en dirección a la ciudad. Por cierto, vaya ladrones, 5 euros por llevarnos al centro de Cork… Aunque al parecer había otro bus algo más barato, pero que no vimos hasta que ya estábamos montados en el otro. En Cork no estuvimos mucho, dimos una vuelta por el centro de la ciudad, que no estaba mal aunque tampoco era nada llamativo. Al igual que en el resto de ciudades y pueblos que pudimos ver, casi toda la ciudad carecía de edificios altos, siendo lo normal una o dos plantas a lo sumo cuatro. Y eso por el centro de la ciudad, pues en los alrededores son todo casas de un piso (2 plantas, me refiero).
En general, parece que la población en Irlanda vive bastante dispersa, en multitud de urbanizaciones y zonas residenciales anexas al centro la ciudad o en parcelas cercanas. Al revés que aquí, no son pequeños núcleos cercanos a la ciuda,d sino que consiste en una trama de casas, campos particulares y urbanizaciones que se extiende alrededor de la ciudad, sin espacio intermedio. Esto tiene el problema fundamental de que el coche se hace muy necesario para moverse, por las distancias, y el transporte público, tanto urbano como interurbano es como aquí, aunque me pareció que más caro.
Otra cosa curiosa es que muchas casas, tanto del centro como de las afueras, están pintadas de variados colores, como queriendo cada una diferenciarse de las demás. Seguramente, en un lugar donde el paisaje puede resumirse en dos colores: verde y gris, es natural que les gusten las casas de colores vivos.
Aunque entre nosotros bromeamos diciendo que eran para que al volver del pub, los irlandeses pudieran identificar su casa, aún con unas cuantas Guiness en el cuerpo xDD.
El viaje desde Cork a Waterford se hizo bastante lento y mientras Ser dormía, yo aproveché a mirar el paisaje. Había vistas realmente bonitas, aunque supongo que así me parecían por al falta de costumbre de verlo todo de un verde exuberante a mi alrededor. Aunque he de decir que estaba todo bastante parcelado por todas partes, y en esas parcelas junto a la carretera se veían prados con vacas, ovejas o caballos.
Tengo que comentar que las carreteras de Irlanda son más bien malas. Eso me había comentado Luz, y aunque al ver la carretera Cork-Waterford me pareció que había exagerado, pues era una carretera como una nacional española, en los siguientes días me di cuenta que no era tal exageración. El buen estado de esa carretera es debido a su importancia, pero la mayor parte de carreteras del país son estrechas y carecen de arcenes, lo que da la sensación de que te vas a caer si no tienes cuidado y si te cruzas con un camión u otro vehículo grande, podéis imaginaros. No es que sean malas, pero no permiten ir muy rápido. Y creo que el concepto de autopista les es completamente ajeno, aunque por otro lado no parece que sean necesarias en absoluto.
Cuando llegamos a Waterford esperamos un poco a que llegara Luz con su Familia a recogernos. La culpa fue mía, pues hay dos sitios donde paran los buses en la ciudad y yo le di un toque, lo que creí que significaba la parada del río y no, habíamos acordado que eso sería la parada del otro lado de la ciudad xD Conocimos allí a sus padres, aunque nosotros conocíamos a su madre de vista. Fuimos todos en coche hasta su casa, que estaba en una urbanización a las a fueras de Waterford, y allí los bultos y descansamos.
A eso de media tarde salimos a dar una vuelta para conocer los alrededores y Luz nos llevó a un cementerio cercano, que tiene una zona nueva y una zona más vieja, separados por unos setos. Lo cierto es que eso de visitar un cementerio puede parecer algo un tanto siniestro y es posible que sea así en los de aquí o en las zonas nuevas de algunos de Irlanda, pero la zona vieja del cementerio tenía un encanto especial. El típico encanto de los paisajes de Poe o Bequer, siniestro al tiempo que “romántico”. Había gran cantidad de cruces celtas y lápidas que décadas de intemperie habían dejado casi ilegibles, cubiertas de líquenes. Se escuchaban además a los cuervos, dando un toque que ninguna foto puede reflejar al ambiente. Os aseguro que caída la noche o un día con bruma, sería exactamente como de un relato romántico.
Otra cosa que me sorprendió desde que llegamos a Waterford, es la cantidad de cuervos que hay por todas partes. Son casi como aquí las palomas, con la salvedad de que allí también hay palomas. Y lo mismo los veías en medio de la ciudad, mirándote con recelo, que al borde de la carretera ignorando los coches o en el tejado de la casa frente a la nuestra. Y la verdad, los cuervos me parecen aves con mucho mas encanto que las “ratas con alas. Son aves grandes, que imponen respeto y bastante más inteligentes que otras. No parecían temer demasiado a los humanos, aunque se ve que no les inspiraba confianza el que me acercase con una cosa en la mano, mi cámara, que podían identificar con una piedra o un objeto peligroso.
Después de eso volvimos a casa porque, pese a ser verano, allí refresca bastante pronto. De hecho a partir de las 6 apetece poco estar por la calle. Más o menos, para hacerse una idea es como a las 6 de la tarde aquí en octubre o noviembre.
El resto del día nos dedicamos a frikear, jugando al spacemunchkin, el Ánima, al wesnoth y un juego de cartas que no conocía, el “Ruse & Bruise” que está muy bien, aunque casi siempre pierdo. De hecho al que más jugamos estos días.
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